¿Qué es el ácido láctico?

El Ácido láctico o lactato se ha considerado siempre como la causa principal de la fatiga muscular por ser el residuo final de la glucólisis. Durante ocho décadas se ha mantenido que el ácido láctico se producía debido a la falta de oxígeno resultando una causa clave del aumento de la acidez durante el ejercicio. Existen investigaciones que muestran concentraciones de lactato en fibras musculares bien oxigenadas y que la oxidación del mismo puede abastecer de energía a la célula durante la contracción muscular.

La fatiga muscular es una circunstancia que se debe a múltiples factores y de una complejidad tal que todavía no está del todo aclarado que es lo que la provoca exactamente, aunque sí se especula sobre las diversas causas que podrían desencadenarla entre ellas el ácido láctico.

El organismo, en su proceso metabólico, degrada la glucosa en un proceso denominado glucólisis con el propósito de la obtención de energía para todas las células de nuestro cuerpo. En esta fase de transformación ocurren diversas reacciones en las cuales la glucosa acaba convertida en dos moléculas de piruvato (ácido pirúvico). El piruvato es un elemento muy importante ya que es la sustancia clave para la producción de energía en la célula (mitocondria). En ausencia de oxígeno y antes de entrar en la mitocondria el piruvato puede convertirse en ácido láctico (reacción anaerobia). El nivel de oxígeno en el organismo puede verse disminuido por varias causas: por la realización de ejercicio físico intenso, SIDA, cáncer, sepsis, infección renal, infección respiratoria… De esto podemos sacar la conclusión de que el ácido láctico se produce en nuestro cuerpo tanto si realizamos ejercicio físico como si no.

Sin abandonar la visión deportiva, que es ahora lo que nos interesa, la investigaciones muestran que de la misma manera que el ácido láctico se incrementa cuando aumenta la intensidad del ejercicio, si éste se mantiene dentro de determinados límites, el lactato se mantendrá estable lo que significa que el ritmo de su producción y el de su eliminación tendrán valores similares y no se producirá la fatiga. El ácido láctico no se puede considerar como algo perjudicial, ni tampoco un residuo de la oxidación de la glucosa (glucólisis) al poderse incrementar la capacidad de utilización del mismo. Las investigaciones arrojan evidencias un tanto controvertidas a lo que siempre se ha supuesto y es que en realidad el ácido láctico es un combustible y la musculatura lo produce deliberadamente. Por lo tanto no es solamente una sustancia resultante del ejercicio sino que también es un sustrato energético.

La producción de ácido láctico varia de una persona a otra, dependerá de su entrenamiento y de la intensidad del ejercicio que realice. La tasa de eliminación está relacionada con la concentración del mismo en sangre y cuando aumenta, los mecanismos de eliminación se estimulan favoreciendo una adaptación del organismo que favorece el retraso en la aparición de la fatiga. Los atletas, por la misma práctica deportiva, absorben de forma más eficiente el lactato. Un entrenamiento intenso puede suponer una gran diferencia pues se consigue duplicar la masa de mitocondrias que se precisan para metabolizar el exceso de ácido láctico, por lo que se puede rendir más durante más tiempo. También se produce un incremento de las enzimas necesarias para convertir el piruvato en lactato y a la inversa.

El lactato realmente no es la causa de la fatiga muscular sino el hidrógeno que se produce junto al ácido láctico, aunque sí que se podría decir que está relacionado con la acidez que se produce y que se cree es la verdadera causa de la fatiga en una situación extrema. La sensación de fatiga o “quemazón” es un mecanismo de defensa del propio organismo para evitar el daño muscular pues demasiada acidez provoca el catabolismo del músculo. Un buen entrenamiento favorecerá el transporte del ácido láctico a otro lugar (corazón, sangre…) y esto puede resolver el problema de tener unos niveles muy altos.

La creencia de que la acidosis láctica que se produce como consecuencia del ejercicio está relacionada con la acidosis metabólica ha estado extendida durante muchos años. Muchos estudios lo confirman (Hill y Meyerhoff) en la actualidad, pero muchos otros ofrecen evidencias contrarias para poder afirmar que esa creencia no tiene ninguna base bioquímica. Esas evidencias muestran que el organismo usa lactato en lugar de glucosa, reservándola de esta manera en sangre, para el uso de otros tejidos y para posterior uso en ejercicios de mayor duración o intensidad (Miller, et al). Otro estudio muestra que la acumulación de ácido láctico en lugar de causar fatiga durante el ejercicio realmente es un protector contra la misma (Nielsen, et al).

La fatiga es un fenómeno multifactorial, se produce por diversas causas durante el ejercicio:

  • Incremento de la temperatura corporal interna.

  • Disnea (hiperventilación).

  • Hipoglucemia (ejercicio prolongado durante >3 horas sin suplementación de carbohidratos).

  • Alta concentración de amonio (NH3) en sangre durante el ejercicio de alta intensidad y durante el prolongado a baja intensidad (combustión de aminoácidos).

  • Incremento de los niveles de serotonina en el cerebro durante el ejercicio. Ésta induce al sueño, suprime el apetito y reduce la excitabilidad de las neuronas que trasmiten el impulso nervioso (neuronas motoras). Afecta al nivel de cansancio, a la percepción de la fatiga, a la regulación hormonal y a la potencia muscular.

  • Fugas de calcio en las células musculares.

  • Disminución del glucógeno.

  • Incremento progresivo de potasio intersicial (sería a través de esta alteración que la acidosis podría contribuir de una manera indirecta a la fatiga).

  • La deshidratación.

Para evitar la aparición de la fatiga, un requisito primordial es que la regeneración de ATP sea igual al gasto energético. Sin embargo se producen cambios metabólicos que perjudican este hecho produciendo fatiga, este hecho manifiesta que el fallo muscular se debe más a un proceso energético (satisfacer la demanda de energía en el músculo) que a la propia acidosis láctica. La disponibilidad de la energía se ve aumentada con:

  • El incremento de oxígeno (respiración gas hiperóxido, aumento de la hemoglobina).

  • Disponibilidad de los sustratos energéticos (carga de carbohidratos, suplementación con creatina o suplementación con glucosa).

Un fallo en la capacidad de resíntesis de ATP por falta de oxígeno o disminución del glucógeno es lo que más apoya al factor de la aparición de la fatiga muscular durante el ejercicio. A baja intensidad el sustrato utilizado es la grasa (intensidad igual o superior al 50% del VO2 máx) por lo que la capacidad de resistencia, en esa intensidad, es muy alta. En intensidades entre el 60-80% del VO2 máx la fatiga está asociada con un vaciamiento de las reservas de glucógeno y la resistencia se relaciona con la concentración de glucógeno previo al ejercicio y con la oxidación del mismo durante la actividad.

Intensidades mayores (90-100% del VO2 máx) pueden ser mantenidas durante 3-30min. (dependiendo del nivel de entrenamiento), y el principal sustrato para la resíntesis de ATP es el glucógeno. La fatiga, en este caso, no está provocada por un agotamiento del glucógeno muscular pues éste no se agota en este período de tiempo, siempre que las reservas de carbohidratos sean normales (sangre, músculo, hígado) y es por este motivo que se cree que la principal causa de fatiga está relacionada con el incremento de la acidosis metabólica o por un aumento de la concentración de potasio intersicial.

En ejercicios superiores al 100% del VO2 máx, que pueden mantenerse durante unos 3 min., la fatiga se debe principalmente a la disminución de la fosfocreatina (Pcr) y al incremento de la acidosis, entre otras causas. Se considera que es la acumulación de protones (H+) lo que inhibe la función de las enzimas que se encargan de oxidar la glucosa afectando de manera negativa a la contracción muscular. La disminución del pH intracelular contribuye directamente a esa fatiga.

Teniendo en cuenta toda esta serie de valoraciones se deduce, que lo que debemos tener presente para reducir al máximo el tiempo de aparición de la fatiga es que un nivel de nutrición e hidratación adecuado es fundamental en ejercicios realizados a intensidades medias o altas, por lo que una estrategia de suplementación nutricional incrementará el rendimiento y la resistencia. Una vez tenido en cuenta esta consideración deberemos adaptar nuestro organismo a las exigencias del ejercicio mediante entrenamientos adecuados a nuestras capacidades físicas

 

 

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